Encontrar mi centro en medio de la tormenta
[INFORMACIÓN PERSONAL]
NOMBRE: Doela
EDAD: 22
RESIDE EN: Corea del Sur
PALABRAS CLAVE: #variedad #identidad #color
[INTRODUCCIÓN]
“En mis primeros veintes, cuando me di cuenta, ya me había perdido a mí misma. La niña llena de sueños y luz que fui en la infancia había desaparecido sin dejar rastro. Por dentro estaba vacía, como un cuerpo sin alma, apenas sostenido por una apariencia.
Tal vez todo empezó en la secundaria. Mis compañeros de mi misma edad se sentaban en los mismos escritorios, estudiaban las mismas cosas, y la sociedad parecía clasificar la vida de las personas según sus calificaciones. Sin tiempo para pensar qué quería realmente o en qué era buena, me aferré desesperadamente a subir mis notas.
El resultado de esa crueldad fue perderme a mí misma. Quizás fue porque me amaba demasiado, y no quería convertirme en una perdedora dentro del tablero que el mundo había impuesto. Quizás fue porque me amaba demasiado, que luché con todas mis fuerzas para protegerme.
Pero en aquel entonces no lo sabía. Amé tanto a quien era, que terminé siendo incapaz de amarme.”
Doela aceptó esta entrevista con el deseo de compartir su proceso con aquellas personas que estén atravesando una confusión similar. Alguien que quiso conocerse a sí misma más que a nadie. Escuchemos su historia.
[ENTREVISTA.1]
P. Si alguien te preguntara: “Describe tu alma en una sola frase”, ¿qué responderías?
R. “Un alma que ama este mundo donde existen infinitos colores.” Desde pequeña siempre me interesaron muchas cosas distintas: colores, razas, culturas. Me gustaba conocerlas, mezclarlas y pensar en algo nuevo a partir de esa fusión. Y así aprendí a amar este mundo diverso.
Por ejemplo, imaginemos dos palabras completamente distintas: #Sudamérica y #Ingeniería mecánica. Si pienso en Sudamérica, me vienen a la mente: la Amazonía, la naturaleza salvaje, el color verde, la energía, la diversidad. Luego, al pensar en ingeniería mecánica: robots, máquinas, gris, rigidez, resolución de problemas.
Empiezo entonces a combinarlas y a imaginar nuevos significados: “Amazonía + gris = calentamiento global”, “diversidad + rigidez = aislamiento”.
En cada palabra existen distintos colores y temperaturas. Y al mezclarse, el mundo se vuelve aún más complejo y diverso. Sentirme parte de ese mundo es lo que hace que mi alma se sienta viva.
[ENTREVISTA.2]
P. ¿Cuál fue el momento más difícil de tu vida y qué fue lo que más te hizo sufrir?
R. La verdad… creo que nunca ha habido un momento que no haya sido difícil. En la secundaria sufría por sentirme inferior, por no pertenecer al grupo de los “mejores”. En la preparatoria también sentí esa inferioridad hacia algunos compañeros, pero lo que más me afectó fue otra cosa.
Nunca tuve tiempo suficiente para construir bien las bases, pero los exámenes siempre estaban demasiado cerca. Estudiaba con prisa, de manera superficial, y como resultado, siempre había un límite claro a los problemas que podía resolver. Durante toda la preparatoria nunca logré romper ese límite.
Cuando fui consciente de ello, mi autoestima se desplomó. Me sentía vacía por dentro, con una sensación de vacío inmensa. Como si no existiera. Incluso deseé poder reiniciar mi vida desde cero.
Mirándolo ahora, ese fue probablemente el momento más duro. Ese sufrimiento que comenzó en primer año de preparatoria se extendió hasta mis primeros veintes.
Al entrar a la universidad, sentí el punto máximo de la confusión. Antes tenía un objetivo claro: ingresar a la universidad. Aunque estuviera vacía por dentro, seguía avanzando hacia esa meta. Pero una vez dentro, ya no había nada más que “romper” o alcanzar.
Entonces llegaron el vacío y la confusión sobre quién era yo. La niña curiosa y amante de la diversidad había desaparecido. En su lugar, encontré a alguien que buscaba estabilidad, que prefería lo monocromático a lo colorido.
Me preguntaba constantemente: “¿Quién soy?”, “¿Quién era yo?”, “¿Cómo era el mundo que soñaba?”
Lloré mucho. Y en ese tiempo, no podía mirar mis fotos de la infancia. Me sentía demasiado culpable frente a esa niña que sonreía. Sabía que me había perdido a mí misma.
Pero lo importante es que esa etapa de confusión es lo que me convirtió en la persona fuerte que soy hoy. Al repasar esos momentos uno por uno, siento que mis pensamientos y emociones empiezan a desenredarse. Recomiendo a todos hacerse esta misma pregunta alguna vez.
[ENTREVISTA.3]
P. ¿Cómo lograste superar ese sufrimiento?
R. ¿Superarlo…? La verdad es que todavía me duele. Pero es un dolor diferente, de otra naturaleza.
Ahora sé quién soy y qué sueños tengo, pero también existe el miedo de que, si me pierdo en esta aventura, tenga que volver a la realidad.
Si pienso en cómo atravesé ese momento, no recuerdo nada especial. No hubo una mentalidad heroica ni una gran determinación. Simplemente seguí viviendo.
Aunque estaba completamente confundida, al salir de casa la realidad seguía ahí, así que no tenía más opción que continuar con mis estudios. Pasaron así varios meses.
Al final del primer año universitario, mis notas no eran buenas. Había hecho mi esfuerzo, pero la situación se repetía, igual que en la preparatoria. Entonces comprendí que ese no era el camino que debía seguir.
A partir de ahí, lo dejé todo y empecé a hacer cosas que medespertaban interés. Grabé videos, edité, diseñé folletos. Probé un poco de todo. No ganaba dinero, pero era divertido. Y poco a poco empecé a usar talentos y sensibilidades que siempre había tenido, pero nunca había sabido cómo aplicar.
En ese proceso sentí que volvía a encontrarme con la niña que había perdido hace tanto tiempo. Fue el momento en que me liberé de las normas impuestas por la sociedad, y encontré mi propio centro en medio de la gran tormenta del mundo. Al encontrarme a mí misma, ese sufrimiento empezó a quedar atrás.
[ENTREVISTA.4]
P. Entonces, ¿con qué actitud miras ahora el resto de tu vida?
R. Siempre he pensado esto: somos seres frágiles que no saben cuándo van a morir ni qué puede pasar mañana. Podría perderlo todo en un incendio mientras duermo, podría morir atropellada en un cruce peatonal, o incluso, aunque sea poco probable, morir alcanzada por un rayo en un día de lluvia.
Por eso, mientras esté viva, quiero amar al máximo a mi alma y a mi cuerpo, aunque no sepa cuándo tendré que despedirme de ellos.
Por naturaleza soy inquieta y desafiante. Necesito moverme, intentar cosas nuevas para sentirme en paz y despejada. Así que quiero seguir viviendo de esta manera hasta el último día. Ahora sé que esa es mi forma de amarme.
[NOTA DEL EDITOR]
La historia de Doela se parece menos a un relato de superación y más a un proceso de recuperación de sí misma. No afirma haber vencido el dolor; se permite decir que todavía le duele. Y es esa honestidad, más que una respuesta definitiva, la que atraviesa toda esta entrevista.
Solemos llamar fracaso a los momentos en los que nos tambaleamos, pero su testimonio demuestra que existen sensibilidades que solo pueden encontrarse después de haber atravesado esa inestabilidad. Se volvió fuerte precisamente porque se permitió caer.
Al leer esta entrevista, surge una pregunta inevitable: ¿qué tan lejos estamos hoy de nosotros mismos, y qué tendríamos que soltar para volver?
Consciente de que la vida puede terminar en cualquier momento, Doela sigue dando un paso adelante confiando en su sensibilidad. Elegir amarse a través del desafío no es una decisión grandiosa, pero sí profundamente firme.
Tal vez esta no sea la historia de alguien especial, sino el registro de una pregunta que todos perdimos alguna vez: “¿Quién fui, y puedo seguir siendo yo misma hoy?”